Lo que aprendí de un logo
"Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare
todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su
alma?" Mateo 16:26
Perder el alma.
¿Qué significa “perder el alma”? ¿Significa solamente perder mi alma en el
infierno? ¿Implica solamente la pérdida eterna de mi alma en un lugar de
tormento en una vida venidera?
Y qué tal si
damos una nueva definición a lo que es “perder el alma”. Qué tal si cuando
hablamos de pérdida, no solamente la confinamos a un supuesto futuro. Qué tal
si la aplicamos a esta vida, al presente, así como hablamos de vida eterna. Qué
tal si afirmamos que de la misma manera que las maravillosas “buenas nuevas”
aplican al aquí y al ahora, también lo hace “la pérdida”.
Qué tal si “perder
el alma” es cuando las motivaciones y el gozo de levantarte cada mañana se han
ido, cuando las quejas son mayores que la gratitud, de hecho la capacidad de
contar las bendiciones y contemplar la gracia de Dios ha desaparecido, cuando
vas a la cama por las noches y al final de toda tu jornada, inclusive la que has
trazado en tu mente, llegas a la conclusión que tu vida no tiene sentido. “Perder
el alma” es levantarte por las madrugadas llorando sin saber el porqué, con ningún
otro sentimiento en tu alma que la vacuidad.
Hoy Dios me
levantó de la cama en la mañana, como suele hacerlo cada cierto tiempo, con una
canción pero también con una imagen en mi mente, con un símbolo al cual puede dársele
muchos significados. Este símbolo fue una barca. Hace solamente unos días atrás,
trabajando en un proyecto, estaba pensando y tratando de crear un logo para una
iglesia, y después de revisar miles de opciones para el logo, elegí tomar este símbolo,
el símbolo de una barca, obviamente pensando y dándole una justificación de lo
que debiera significar la iglesia, o el ser un cristiano o seguidor de Cristo.
Lo primero que
pensé fue en el propósito de la barca. Como yo crecí en la playa, el primer propósito
que se me vino a la mente, es la pesca. El propósito de una barca es pescar. Y como se trataba del logo de una iglesia, yo
lo apliqué a la pesca de hombres. Fue así que pude desarrollar el logo bajo ese
concepto principal.
Dejando lo del
logo a un lado y profundizando en el tema que quiero tratar, este propósito de
la barca el cual es pescar, podría ser
la definición de alguien quien pone su valor principalmente en la productividad.
Pues sí, la barca debe de servir para algo, para conseguir pescados, para que
la gente tenga qué comer. Por otro lado, hay quienes tal vez su concepto de
vida sea más relajado y pudieran pensar: ¡Hey, no solamente una barca sirve
para pescar!, no toda en la vida es trabajo, el propósito de la barca también
es para descansar, para darse una vuelta por el malecón, para disfrutar de las
vacaciones. Y si, también esto es cierto.
Hilando yo un
poquito más fino, pienso que ya sea pescar o pasear, no son estos los propósitos
principales de la barca. Me pregunto ¿Qué pasaría si no tuviéramos una barca,
si la barca no existiera? ¿Acaso no tuviéramos que nadar por mantenernos a
flote en el caso que supiéramos cómo hacerlo, y ahogarnos si no lo supiéramos? ¿Acaso el propósito principal de la barca no
es sencillamente mantenernos a flote? Y
es que Dios me está llevando estos últimos días a pensar en lo esencial de la
vida. Así como lo esencial de una barca es mantener a alguien a flote, también
creo que nuestras vidas deben tener algo esencial. Creo que es necesario
definir cada cierto tiempo, el qué significa ser cristiano, qué significa ser
creyente, creyente en Dios, no solo de una manera teórica, sino de una manera práctica
y real en que al final se pueda obtener paz, gozo y sentido en la vida.
Ahora ¿qué significa
“ganar el mundo”?. Normalmente lo hemos interpretado, como ganar dinero, poder
y éxito (como sabemos decir “los hermanitos”: el éxito que el mundo ofrece). Y
si, en un primer sentido, es cierto. Muchas personas (en toda mi reflexión estoy
incluyendo a los cristianos) van detrás de estos tesoros que para muchos pueden
resultar superficiales y vanos, pero está claro que para estas personas no lo
son, son lo que son, tesoros, y es lo más valioso que existe, alcanzarlos al
menos les dan un sentido (irreal y pasajero) en la vida y un propósito. En un
segundo sentido, ganar el mundo puede significar acomodarse a este mundo,
pensar que la vida terrenal es lo único que existe, olvidando la existencia de
la vida eterna. Ganar el mundo puede significar que uno se convierta en un
digno representante y ciudadano de este mundo, y cumpla con todas las
aspiraciones sociales que en él hay (no creo que esto sea algo malo, pero creo
que existe algo más que esto). No necesariamente significa como en el primer
punto, obtener riquezas materiales. Más bien se trata de quedar bien con la
sociedad, que puedas ser un buen hijo, un buen estudiante, conseguir una profesión,
trabajar dignamente, comprarte un carrito, tal vez una casa (o al menos alquilar
una, o en el mejor de los casos heredar una, aunque esto último no sé ahora qué
tan bueno sea en mi país jeje) casarte, tener una familia, ser padre o madre (a
esta altura de la vida dentro de mi descripción, los estándares van bajando, así
que no necesariamente debes ser buen padre, con que lo seas, basta). ¡Y ya!, así
se gana el mundo, o mejor dicho, así sobreviviste en él. Pero hay otra tercera postura, y es en esta
que penósamente en estos precisos momentos yo aplico, y por lo cual me anime a escribir
en esta ocasión. Se trata de un aparente propósito más loable. Siendo cristiana
pues, podría interpretar “ganar el mundo”, como “ganar el mundo para Cristo” (Si,
aquí es la parte en donde el techo se abre y caen globitos y confeti sobre mí,
y la banda de música toca una fanfarrea), ¡Oh, qué propósito más loable!
Si, los
cristianos podemos caer en esto, en pensar que lo que hacemos para Dios nos da propósito
y sentido en la vida. Yo puedo decir “quiero ser misionera”, y muchos pueden responder
“Oh Daniela, qué gran mujer eres”. Y es
que es posible poder ganar el mundo para Cristo, y al final perder el alma. Bien
lo dijo en alguna ocasión mi buen Maestro: “Muchos
me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu
nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí;
apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo
7:22,23). ¡Qué dura es esta palabra! ¡Líbrame de esto Dios!
Volviendo al concepto
con el que inicié. A veces no necesariamente “perder el alma”, se trata de la
pérdida de ella literalmente en el infierno, a veces se trata sencillamente de etapas
en la vida (desiertos, les llamamos algunos) en que el vacío en el alma aparece
sin desearlo, tal vez a causa de un descuido o un desenfoque. Son esos momentos
en la vida del cristiano, que no hay más salida que leer algún salmo esperando
hallar en él algo de luz. Cuando llegas a este punto, la alta teología y
cualquier otro libro de la biblia con alto contenido doctrinal, no se entiende
ni aplica a nuestra necesidad. Es como que la razón deja de funcionar y el corazón
gime por algo de atención. Es tu corazón, tu alma, tus emociones, tus
sentimientos los que necesitan ser salvados una vez más, y nos identificamos
con David, cuando en más de una ocasión clamaba: “¡Sálvame oh Señor, Sé mi Salvador!”.
Puedo imaginarme a un David ahogado entre lágrimas, suplicando por ser
rescatado, tal vez con una profunda tristeza en el alma, pero confiando que
tiene un Salvador que está dispuesto a extenderle Su mano en medio de su clamor.
Y hablando de
barcas, recuerdo ahora la tormenta que azotó a una en donde estaban los discípulos
de Jesús (Mateo 14:22-33). ¡Me encanta esta historia! Pedro se desafío a caminar sobre el agua en
medio de una tormenta, sólo porque Jesús le llamaba. Puestos los ojos sobre el
Maestro, todo iba bien. En el mundo de Pedro, solo existían él y su Maestro, no
existía ninguna tormenta. De repente, al parecer, Pedro dejó de mirar a Jesús y
como dice el relato, “notó la fuerza del
viento y tuvo miedo”. “Notó” significa
que si existía una tormenta, pero cuando tenía puestos los ojos en Jesús, él sencillamente
no la sentía, no la notaba, no la vivía. Esto me hace pensar que siempre habrá una
tormenta esperando por ti, cuando dejas de ver a Jesús. Y por otro lado, a
pesar que la existencia de una tormenta sea una realidad, podemos ni siquiera
notarla si Jesús está en nuestra barca, si tan solo no dejamos de verle. Hay una
canción de Marcos Vidal que me gusta mucho y que describe mucho mejor lo que quiero
expresar:
Desesperaría,
Simplemente creo que moriría
Todo acabaría
Si no fuera por la certeza que duerme en mi
alma
Que tú eres mi esperanza eso me basta
Y ese consuelo todo lo calma
Tú eres quien guía mi melodía
Feliz contemplo que estas en mi barca.
Y si me pidieras algo por difícil que pareciera
Yo por ti lo haría
Solo déjame saber que eres Tú quien me habla
Que Tú eres mi esperanza
Eso me basta
Y ese consuelo todo lo calma
Tú eres quien guía mi melodía
Feliz contemplo que estás en mi barca.
Tú eres la razón de mi existencia
La respuesta a mí por qué
En ti mi identidad tiene sentido
Porque un día te veré
Y pase lo pase merece la pena
Por verte un día y descubrir que fui creado
para ti
Fui creado para ti.
Volvamos a lo
esencial, volvamos al principio y al mismo tiempo el final de todo, volvámonos a
Dios, y esto no es solo para los que aún no le han conocido, es también para
los que le conocen, pero en algún momento de la vida dejaron de verle. El
primer propósito por el cual fuimos creados, no fue para amarle a Él, fue para
ser amados por Él.
“En esto consiste el amor: no en que
nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su
Hijo en propiciación por nuestros pecados”. 1 Juan 4:10
Hace uno cuantos
años atrás, mientras estudiaba en el Seminario aprendí algo que por primera vez trastornó mi manera
de considerar mi fe. Fue lo siguiente:
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si
alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”.
Apocalipsis 3:20
Estas palabras
normalmente las usamos como herramienta evangelística, cuando en realidad fueron
dadas a una iglesia, a cristianos que ya tenían una fe en Jesús.
¿Le abrirás la
puerta a Jesús hoy? Mi oración es que lo puedas hacer, como me ha tocado hacer
a mí ya en muchas ocasiones y de seguro lo seguiré haciendo mientras Dios sea
Dios, Daniela sea Daniela y Su gracia sea gracia.
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