Una brillante amistad


-          ¡Brrrrrr! ¡Tengo mucho frío! - confesó la altiva brújula después de haber caminado por cinco largos días en algún sitio remoto de los Alpes.
-          ¡No seas tan exagerada! - contestó su acompañante -.  Se veía cansada al igual que la brújula. Era una común y corriente caja de fósforos, cuya astucia la había llevado, ya hace varios días atrás, sacar y prender fósforos en determinados momentos cuando el congelante clima se sentía implacable. Hasta ahora había podido sabiamente administrar su única fuente de calor en tal extrema situación.
-          No me dejo de preguntar cuál fue la falla mecánica del avión para haber caído tan rápida y repentinamente, sin dejar al capitán pensar en una solución. - Fue el segundo pensamiento que la brújula después de esos cinco largos días, al fin podía exteriorizar.
-          ¿Cómo sabes que fue una falla mecánica y no una falla del capitán?
-          Han sido tantos años que he acompañado al capitán, muchas veces en silencio en su bolsillo, otras veces dándole dirección en su mano. Lo conozco tan bien… (después de unos pequeños segundos en silencio)… lo conocía tan bien. Sé que no fue su culpa, él era tan responsable en su oficio.
-          ¡Lo siento mucho! No fue mi intención traerlo a tu memoria, mucho menos en estos momentos que estamos tan solo tú y yo, en medio de no sé dónde.
-          Lo que no entiendo es por qué dejé de funcionar hace tres días. No me gusta sentir que estoy perdido. No es algo que enorgullezca a ninguna brújula… y además… ¡Tengo tanto frío!
-          En todos estos cinco días no habías dicho nada. Nunca pensé que tú, la sabia brújula estabas perdida, peor aún que necesitaras algo de calor. Si quieres puedes acercarte a mí y calentarte un poco.
-          ¡Gracias! y ¡Perdón! Recién ahora entiendo cuál es tu valor. ¡Me eres muy útil en este momento! Lástima que yo no pueda ayudarte ahora.

De repente, la aguja de la brújula comenzó a girar, reactivándose nuevamente su mecanismo. Tan solo necesitaba un poco de calor para funcionar como antes.

-          ¡Gracias a Dios! ¡Estamos salvados! - Exclamó alegremente, la transformada brújula.

FIN

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