Un encuentro con "el" Verwer
Los artículos "el" o "la" son usados popularmente en mi país antes de decir el nombre de alguna persona, sobre todo en zonas de la sierra. Los costeños, cuando mucho nos juntamos con algún serrano, pues fácilmente se nos pega. Está demás decir que ortográficamente es un horror, pero para mí suenan súper chistoso. A veces se me salen, otras veces a propósito los uso, como ahora en el título.
"el" Verwer, pues sí, es el señor George Verwer. Me cayó muy bien. Estuvo compartiendo los devocionales durante las mañanas de los tres días en un concilio de misiones que asistí esta semana en Lima. Debo decir que no estaba planeada mi participación en el concilio, pero por voluntad de Dios estuve allí y pude conocer a este gran personaje. Por pura vagancia, bueno también porque el lugar donde estaba hospedada quedaba bien lejos del concilio, llegué tarde los dos primeros días y recién al tercero y último al fin lo pude escuchar.
Quiero escribir a continuación puntualmente dos cosas, que fueron las que más me impactaron. La primera lo escribo tal cual lo entendí, y la segunda si es textual:
1. Muchos jóvenes cristianos no caminan en victoria, no se sienten lo suficientemente buenos a causa del peso del pecado. Mucho menos victoria hay en aquellos que son obsesivamente idealistas, cada vez que experimentan un fracaso, llega el desanimo. La falta de victoria es una de las causas más comunes por lo cual muchos jóvenes no son libres para servir.
2. "Si un sinvergüenza como yo pudo, ustedes también pueden hacer cosas radicales para Dios"
Puedo decir que conocí a un George Verwer humano, ni más ni menos. Uno que lo primero que hizo al tomar el micrófono fue orar por el mundo, y lo último que hizo al dejarlo fue llorar como un niño al confesarse como un sinvergüenza que ha vivido y servido por pura gracia. Y no me decepcionó, es el George Verwer que he leído tanto, y he asentado tanto mi cabeza en muchas de sus reflexiones, pensando que tiene toda la razón.
Pude hoy saludarle personalmente y expresarle todo mi aprecio y admiración. Aunque esquivamente me miraba, asentaba con su cabeza cada palabra que le decía. Fue suficiente para mí. Él es uno de mis autores preferidos, con uno de los que más de acuerdo he estado y el que me ha dado mucha luz a preguntas sin respuesta que he tenido. Ha sido una de las personas que me han formado en la fe, por eso dedico hoy estas líneas a él. Es hermoso ver cómo aún Dios le sostiene y cómo sigue teniendo esa pasión para mover a la juventud. Me asombré de su excelente español también. ¡Larga vida a George!
"el" Verwer, pues sí, es el señor George Verwer. Me cayó muy bien. Estuvo compartiendo los devocionales durante las mañanas de los tres días en un concilio de misiones que asistí esta semana en Lima. Debo decir que no estaba planeada mi participación en el concilio, pero por voluntad de Dios estuve allí y pude conocer a este gran personaje. Por pura vagancia, bueno también porque el lugar donde estaba hospedada quedaba bien lejos del concilio, llegué tarde los dos primeros días y recién al tercero y último al fin lo pude escuchar.
Quiero escribir a continuación puntualmente dos cosas, que fueron las que más me impactaron. La primera lo escribo tal cual lo entendí, y la segunda si es textual:
1. Muchos jóvenes cristianos no caminan en victoria, no se sienten lo suficientemente buenos a causa del peso del pecado. Mucho menos victoria hay en aquellos que son obsesivamente idealistas, cada vez que experimentan un fracaso, llega el desanimo. La falta de victoria es una de las causas más comunes por lo cual muchos jóvenes no son libres para servir.
2. "Si un sinvergüenza como yo pudo, ustedes también pueden hacer cosas radicales para Dios"
Puedo decir que conocí a un George Verwer humano, ni más ni menos. Uno que lo primero que hizo al tomar el micrófono fue orar por el mundo, y lo último que hizo al dejarlo fue llorar como un niño al confesarse como un sinvergüenza que ha vivido y servido por pura gracia. Y no me decepcionó, es el George Verwer que he leído tanto, y he asentado tanto mi cabeza en muchas de sus reflexiones, pensando que tiene toda la razón.
Pude hoy saludarle personalmente y expresarle todo mi aprecio y admiración. Aunque esquivamente me miraba, asentaba con su cabeza cada palabra que le decía. Fue suficiente para mí. Él es uno de mis autores preferidos, con uno de los que más de acuerdo he estado y el que me ha dado mucha luz a preguntas sin respuesta que he tenido. Ha sido una de las personas que me han formado en la fe, por eso dedico hoy estas líneas a él. Es hermoso ver cómo aún Dios le sostiene y cómo sigue teniendo esa pasión para mover a la juventud. Me asombré de su excelente español también. ¡Larga vida a George!
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