EL AMOR QUE EXCEDE TODO CONOCIMIENTO

Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén. (Hebreos 13:14-21)

Dos pares de guantes de box, una lona que amortigüe las caídas, cuerdas que delimita el área de combate y dos competidores, son necesarios para pelear en un ring. Golpes vienen, golpes van, algunos altos, otros bajos, lo que realmente importa es acabar al oponente y ganar. Ningún competidor está pensando en el bienestar del otro, sólo recuerda el último golpe que dio, el último que recibió y maquina rápidamente el próximo que dará.

Siempre me he preguntado porqué al box lo consideran un deporte, siendo una actividad que puede llegar a lastimar tanto. Y realmente encontrar una respuesta a esta pregunta me tiene sin cuidado. La pregunta que realmente me inquieta es ¿desde cuándo el hogar se convirtió en un ring?

Palabras que hieren el corazón, carencias que golpean el alma, existencia de preferencias o bandos dentro de la familia. Sensación de abandono y amor no correspondido. Resentimientos, quejas que consumen, dedos que señalan, corazones cansados y desesperanzados que condenan.

Pasan días, meses, años; y los protagonistas se vuelven espectadores. Creyendo haber agotado toda fuerza, toda fe, se limitan a continuar con ese círculo vicioso que pareciera no tener fin.

La realización de anhelos personales y la satisfacción de la necesidad de sentirse amado en el hogar, cada vez suena más a utopía. Y seguimos creyendo que existen culpables, los cuales coincidencialmente, en la mayoría de los casos, son todos, menos nosotros mismos, o al menos “no tenemos tanta culpa como los demás”.

Me duele el saber que las familias siguen cayendo en la trampa del enemigo: creer que la lucha o adversario es nuestro cónyuge, hijo o padre. Por qué no cambiamos nuestra manera de pensar y en vez de continuar observando a nuestro familiar como nuestro enemigo, lo comenzamos a ver como parte del plan de Dios para que nuestro carácter sea moldeado y aprendamos a amar como Cristo.

Nadie es perfecto. Todos en cierto momento de nuestras vidas, nos convertimos en prueba para otra persona, y en mucho mayor grado, para los que viven más cerca de nosotros, nuestra familia. Estoy convencida que la familia fue creada por Dios con el objetivo de ser una escuela, en donde la materia más importante que se enseña es el AMOR. Y, como en toda escuela, existen las pruebas. De lo que nos hemos olvidado es que Dios, es un Maestro que nos prueba todos los días. ¿Qué tal salimos en nuestra prueba de hoy? ¿Estamos preparados para la prueba de mañana en nuestra escuela llamada familia?

Anhelamos que nuestro cónyuge cambie, que nuestro padre cambie, que nuestro hijo cambie. Y mi pregunta es: ¿de la misma manera ansiamos cambios en nosotros mismos?
Ayer fue un día muy especial en donde Dios le habló muy claro a cada miembro de mi familia en la reunión de evaluación que cada año hacemos, después de hacernos la misma pregunta de siempre ¿Qué planes tiene Dios con nuestra familia? Sentí claramente que Dios me decía: “el cambio en tu familia, comienza por ti. Si tú no cambias, nadie cambia.” Y estoy convencida que lo mismo, Dios le dice a cada miembro de cada familia en la tierra.

No anhelemos tanto, cambios en los demás. Anhelemos cambios en nosotros mismos, aprendamos a amar. No esperemos recibir eso tan anhelado de nuestro ser querido, para poder nosotros recién amar. De seguro Dios nos lo dará a su tiempo. La obediencia atrae bendición. Seamos obedientes nosotros y no esperemos que la otra persona dé el primer paso. Demos nosotros el primer paso, aunque duela, aunque cueste, aunque no seamos correspondidos ahora.

La Biblia dice acerca del servicio: Ninguno busque su propio bien, sino del otro (1 Co. 10:24) Amor es servicio, amor es Dios, amor es Jesús. La mayor manifestación del amor es Dios, porque Dios es amor. El que ama sin reservas ni condiciones. Su amor es inmutable, no cambia de forma ni de intensidad dependiendo del individuo. El amor no deja de Ser porque no es correspondido o porque es ofendido o porque es sufrido. El amor es eterno e inamovible. Jesús es amor.

Al Padre de mi Señor Jesucristo alabo hoy, por sobrepasar mi entendimiento una vez más, por derribar pensamientos equivocados que se levantan contra él, por quebrantar mi humanidad, por avivar mi espíritu, por devolverme la esperanza y fortalecer mi fe. Simplemente por amarme sin condición.

Aún no logro comprender la magnitud del amor. Es que Su amor excede todo conocimiento. Nuestras mentes humanas no lo logran entender a cabalidad. Logramos tener vagas ideas de lo que es, pero la plenitud de Su amor, a nuestra mente natural le cuesta tanto comprender, y peor aún, a nuestra humanidad le cuesta tanto practicar.

No hay atajos, no hay más vueltas que dar, no hay más conceptos que aprender. Lo único que podemos hacer para comprender y vivir la dimensión del amor de Dios, es doblar nuestras rodillas y buscar ser fortalecidos en Su espíritu. No es fácil, realmente no lo es, porque sencillamente nuestra carne no entiende de amor.

“Contra Dios pecamos, sólo contra Dios”. Muchas veces he escuchado esta frase de mamá, y es una verdad tan grande. Pecamos contra Dios cuando dejamos de creer, cuando dejamos salir de nuestras vidas la esperanza, expulsándola de nuestros hogares… de nuestras familias.

A pesar de todo, Dios no se cansa de sorprendernos, inundando nuestras vidas con amor, llenando nuevamente nuestros odres con todo lo que comprende Su plenitud. El que no descansa, vuelve y hace las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos con nuestra diminuta y limitada fe. A él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.

Comentarios

  1. es muy cierto todo esto. muchos de nosotros perdemos la esperanza en que algo, algun dia cambiara, pero ni siquiera es en la persona sino en el poder de Dios que perdemos esperanza y fé, por que de permanecer en su palabra, de ser obedientes de corazón, no desfalleceríamos y aún, muy a pesar de todo, sabríamos que en algun momento, de alguna forma, algo pasara que hablará al corazón del otro, haciéndole entender que lo que hace, nos lastima. Muy buen artículo primis, sigue así. =)

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    1. recién veo tu comentario... he leído nuevamente el artículo y otra vez mi reserva de amor, fe y esperanza se ha llenado... qué bueno es Dios.. Él lo ha hecho todo ya... nos toca sólo creer.. "sólo", algo tan sencillo en teoría y tan complicado en la práctica jeje.. adelante primis.. no dejes de creer!

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